Reflexiones con y por los jóvenes trabajadores

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20160501_082453Por: María Josefa Luis Luis

A las puertas del 1ro. de Mayo tradicionalmente el país se convierte en un hervidero de iniciativas para convertir la fecha en una fiesta de los trabajadores. En el caso de Cuba, por naturaleza, se combina con múltiples acciones de reafirmación revolucionaria, porque la Revolución Cubana, es esencialmente de los trabajadores. Tal ocasión me motiva a compartir mis reflexiones en torno a dos preguntas esenciales, las que no por ser independientes, dejan de tener una estrecha relación.

¿Qué motiva a los jóvenes trabajadores a participar en la actividad sindical y cómo lo estimulamos?

Reconozco que el tema de la participación podría ocupar cientos de páginas, mas no es mi propósito. Me sentiría complacida si al menos logro que nos detengamos unos minutos a pensar en cuán determinante es la participación de los jóvenes, y especialmente los trabajadores, que sientan la necesidad de hacerlo y lo hagan por convicción. Podríamos estar pensando en el joven decidiendo en el Parlamento, en un ministerio, en una empresa, etc. Eso es muy importante, y de hecho ahí están los jóvenes; pero prefiero referirme a cualquier espacio, al centro de trabajo, a la sección sindical. No pocas insatisfacciones salen a la luz cuando hablamos sobre el tema, especialmente de los propios jóvenes. Sin embargo estas pasan esencialmente por los métodos empleados, los formalismos y prejuicios. Es más fácil decir que los jóvenes no quieren participar, sin detenernos a pensar que la vida laboral y la sindical, también se educan. Tengo la certeza de que lograr el involucramiento real de los jóvenes depende mucho de lo que se haga en cada lugar, de las estrategias, de los estilos, de la importancia que se le da al sindicato, de cómo logra atrapar su sentir, sus aspiraciones y sus maneras de hacer. Pertenezco a una sección sindical donde lo profesional y lo sindical no se contraponen, donde se es profundo, alegre y divertido a la vez, donde se logra movilizar a todos por igual independientemente de su edad, responsabilidad o profesión, donde el sindicato aporta a la identidad nacional e institucional de sus trabajadores. ¿El secreto? Está dirigida por jóvenes y todos trabajamos por la unidad.

¿Hacia dónde queremos que mire la juventud trabajadora?

Hoy apreciamos una juventud trabajadora más diversa que nunca. A los tradicionales sectores se suman las diferentes formas de gestión económica. Esto complejiza el panorama, pero no lo convierte en un caos. No parcializo mi posición, favorable a una u otra. Cuando se habla del tema, es común asociarlo a los ingresos y las diferencias que trae aparejado. No creo que sea el único asunto; es más, los estudios sobre juventud corroboran la preferencia y permanencia de la mayoría de los jóvenes en las entidades estatales. Ello se sustenta esencialmente en la seguridad que les produce, la realización de su profesión y las posibilidades de superación. Más allá de las reales limitaciones de los salarios, sería preciso hacer más visibles todo lo que se está haciendo en ellas, que se traducen en mejores condiciones de trabajo, en los ingresos y en la permanencia de los jóvenes trabajadores.

En los últimos años ha crecido de forma sostenida la presencia de los jóvenes en las formas de gestión no estatal. Su principal atractivo: los ingresos. Aunque el Estado ha respaldado estas modalidades de empleo con múltiples regulaciones, incluyendo el Código del Trabajo, afloran nuevos retos y brechas, especialmente en lo relativo a los jóvenes: la formación, la protección a sus derechos, la preservación de los valores, el compromiso social, la participación, entre muchas otras. ¿Cuál es el rol del sindicato? Apuesto porque en el acompañamiento que en este sector deben tener especialmente los jóvenes, no falten al menos estos aspectos.

Cuando veo a mi sociedad cada vez más diversa, trato de asirme a sus fortalezas y no a sus flaquezas. Repasando la historia puedo sintetizar rápidamente que nuestra principal divisa ha sido y es, la unidad; la unidad enarbolada por Martí, la que nos dio la victoria en los momentos más difíciles: en la Sierra Maestra, en Girón y en el Período Especial. La unidad que necesitamos hoy, esa que se traduce en la responsabilidad social, en la solidaridad cotidiana, en esa unidad que no permita entronizar el egoísmo, para que esta sociedad continúe siendo esencialmente de los trabajadores. Este ha de ser el principal legado de la juventud de hoy a las futuras generaciones.

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