La mujer cubana y sus desafíos

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Por: Odette del Risco Sánchez

La amplia participación de la mujer cubana en el espacio público constituye, sin dudas, uno de los logros de nuestra sociedad. Las oportunidades que disfrutamos no resultan una realidad al alcance de las mujeres de otros escenarios geográficos, ya que, en el caso de Cuba, desde diversas instituciones, se han promovido acciones para colocar en igualdad de condiciones a mujeres y hombres.

En la actualidad, si bien se ha sucedido una mayor democratización de las relaciones de género, aún existen esferas de la vida donde se visualizan ciertas desigualdades. Desde los ámbitos de la familia y la pareja, se evidencian dinámicas poco favorecedoras del desarrollo pleno de las mujeres. En ocasiones, ellas construyen su realidad desde el paradigma de la “supermujer” cumpliendo con exigencias atribuidas no solo desde su entorno, sino desde sí mismas, lo que las coloca en conflictos entre sus potencialidades y las posibilidades reales de materializar sus aspiraciones.

Es de notar que, aún es necesario romper con los roles tradicionales que depositan las responsabilidades de la mujer en el cumplimiento de los quehaceres del hogar, el cuidado de los hijos u otros familiares, y a su vez asumir las tareas del espacio laboral. Los altos porcientos de mujeres presentes en nuestras universidades, en el Parlamento Cubano, ocupando cargos directivos en diferentes instituciones u organizaciones, implican también pensar en las dinámicas familiares, de pareja, laborales o estudiantiles que ellas vivencian.

En el caso de los jóvenes, coexisten conductas retrógradas junto a aquellas más progresistas, que visualizan un tránsito hacia modelos de relación más democráticos. Sin embargo, la educación de la sociedad desde un enfoque de género aún constituye un tema pendiente. La creencia popular de que la educación es responsabilidad del escenario académico limita el aprendizaje a los contenidos previstos en los currículos escolares. Ello reduce las acciones educativas que desde otros escenarios se pueden realizar, con vistas a modificar aquellos patrones generadores de desigualdades.

Celebrar el Día Internacional de la Mujer supone, en Cuba, un momento de festividad, pero también, constituye espacio oportuno para pensarnos cuánto hemos logrado y cuánto nos falta por hacer. Desde nuestros contextos, resulta propicio identificar aquellas prácticas que en la vida cotidiana devalúan a la mujer. No a cualquier mujer, sino a tu amiga, madre, hermana, vecina o colega. El desafío fundamental es comprender que el cambio empieza por ti mismo(a).

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