Pero me sigo sintiendo joven

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sentirse jovenPor: Yoslaine González Ramos Desde tiempos antiguos la adolescencia y juventud han supuesto un reto para las Ciencias Sociales. Ello se debe a los diversos enfoques que sobre el tema existen desde la teoría, la metodología y la praxis. La temática es rica en cuanto a producciones científicas, que tratan de apuntar hacia una mejor conceptualización y trabajo con estos grupos. Ciertamente, el debate teórico respecto a los límites etarios para ser considerado adolescente o joven, ha sido tan amplio que llega hasta estos días. A pesar de ello, se va haciendo más común acatar como propia, la definición emitida por la Organización Mundial de la Salud, que establece a la adolescencia como la etapa que comprende los rangos etarios de 10 a 19 años de edad. Se diferencia a la adolescencia temprana como la que comprende al período de 12 a 14 años de la tardía, estipulada desde los 15 a los 19 años de edad. La juventud se comprende, entonces, como el período enmarcado entre los 15 y 29 años, aunque se ha dado en dilatar el rango hasta los 30 años de edad, o incluso hasta los 35, valorándose su extensión por condiciones sociales, políticas y demográficas propias del país; el plazo extendido de la educación para los jóvenes; las políticas trazadas por el Estado, que han cambiado las construcciones identitarias desde la participación asociativa y política; así como el envejecimiento poblacional, que poco a poco se va apreciando; entre otros fundamentos. Estas diferenciaciones son necesarias para analizar diferentes dimensiones asociadas a ellas. Así se pueden comprender mejor las acciones-reacciones de los adolescentes y jóvenes, sus intereses y necesidades, y por tanto diseñar políticas más ajustadas a ellos, medidas y productos más coherentes a sus vivencias. Es posible perfeccionar la labor emprendida en cuestiones de salud, educación, empleo, cultura-recreación, medio ambiente, entre otras. Pero a los efectos de la vida cotidiana, no faltan los que se cuestionan estas discriminaciones etarias, aunque sean en positivo. Desde esta posición aprovecho para referir, que se hace imprescindible apoyar a los más jóvenes, nunca imponiéndoles posturas o conductas a adoptar, pero sí sugiriendo y persuadiendo acerca de lo que pudiera ser más favorable para ellos. A la vez, el adolescente o joven puede imprimirle señas novedosas o enriquecedoras a la vida de los más longevos. Lo interesante es permanecer siendo emprendedor y aventurero, modificar y re-significar maneras de forma independiente a la edad que se tenga, polvoreándoles las pizcas de experiencia que aporten nuestros años vividos, sean estos mucho o pocos y reforzarlas basadas en los consejos de quienes nos procuran bien, y sobre todo, deviene vital que a pesar del decursar de los años, se argumente: “pero me sigo sintiendo joven…”

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