DERECHOS HUMANOS de las poblaciones jóvenes: 365 días al año

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Por: Ana Isabel Peñate

El 10 de Diciembre de 1948 se firma la Declaración Universal de los Derechos Humanos, entendidos estos como un grupo de garantías legales universales, diseñadas para proteger a las personas y a sus grupos de pertenencia, frente a acciones u omisiones que puedan afectar sus libertades y dignidad. Son considerados, además, como atributos inherentes a los seres humanos.
Sustentados en 4 principios jurídicos básicos, universalidad, rendición de cuentas, indivisibilidad y participación, indican que todas las personas tienen los mismos derechos, independientemente de su sexo, edad, color de la piel, lugar de residencia, filiación política, ideología o cualquier otro elemento. Por su parte los Estados, una vez que ratifican cualquier instrumento de derechos humanos, quedan comprometidos ante sus ciudadanos y ante la comunidad internacional y rinden cuenta por ello; los derechos son indivisibles, interdependientes e interrelacionados, ningún derecho humano es más importante que otro y, por último, el derecho del individuo a participar de manera activa en la vida política, social y cultural de su país, y la obligación del Estado de promover e incentivar esa participación.
Es un hecho que Estados y gobiernos constituyen los garantes principales del respeto a los derechos humanos, aunque otros agentes sociales, como madres, padres, maestros, escuela y medios de comunicación tienen responsabilidad con este encargo. Es importante “desmontar” la normajurídica y llevarla al día día.
Cuba es una sociedad donde los más jóvenes están priorizados en las políticas sociales, de ahí que pueda considerarse un entorno protector a gran escala del respeto por los derechos de niños, adolescentes y jóvenes. Sin embargo, las investigaciones sociales revelan insuficiente conocimiento de los distintos agentes socioeducativos acerca del contenido y alcance de los derechos, así como del papel que les corresponde desempeñar en su promoción y respeto. Ello exige la búsqueda de alternativas que propicien que en todos los ámbitos, públicos y privados, no haya vulneración de los derechos de estas poblaciones.

Repensar, de manera profunda, acerca del papel, mucho más autónomo y participativo, que pueden y deben desempeñar infantes, adolescentes y jóvenes en la convivencia social en cualquiera de sus ámbitos. A ello puede contribuir la educación en derechos humanos, en tanto el desconocimiento y la desinformación constituyen fuertes obstáculos en el propósito de transformar una situación dada. Brindar conocimientos acerca de un tema que trasciende lo jurídico y que, para que se cumpla y se respete, necesita contar con una amplia difusión, en tanto vía para sensibilizar –sino a toda- al menos a una parte importante de la población adulta en el precepto de que, los derechos de los más jóvenes no pueden llevarse a vías de hecho sin la participación, real y comprometida, de esta. Ello hace necesario que los adultos, en sus diferentes roles, tengan plena conciencia del papel que tienen que desempeñar, pues les corresponde convertirse en los principales garantes de lo jurídicamente legislado.

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