¿De qué mueren los jóvenes en Cuba?

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Por: Yoslaine González Ramos

imagesLa juventud es un momento de la vida que se asocia con un estado de salud favorable, pues se caracteriza por las bajas probabilidades para contraer enfermedades o morir. El perfil de morbilidad-mortalidad en esta etapa del ciclo vital se expresa, fundamentalmente, en agresiones físicas, accidentes, Infecciones de Transmisión Sexual, y embarazos no deseados y/o precoces.

Durante el año 2012, en Cuba, por cada mil habitantes, murieron 463 jóvenes de entre 20 y 24 años de edad, 533 entre 25 y 29, y 589 entre 30 y 34. Mientras que en el 2013, la tasa de mortalidad fue de 434, 539 y 569 respectivamente. Estas cifras revelan que la cantidad de jóvenes que fallecen cada año, se mantienen relativamente estables, como resultado de las políticas y estrategias acertadas que ejecuta el Ministerio de Salud Pública, aunque al mismo tiempo son expresión de la posibilidad de un mayor esfuerzo en este sentido.

Las razones por las que fallecen los jóvenes cubanos son disímiles. Dentro de las principales causas de muerte en el 2011 entre los 10 y 19 años y los 30 y 39 años, se encuentran, por orden, los accidentes, los tumores malignos, las lesiones autoinfligidas intencionalmente y las enfermedades del corazón. En el intervalo etario de 20 a 29 años fueron, en primer término, los accidentes, siguiéndole las lesiones autoinfligidas, los tumores malignos y las enfermedades del corazón.

Es decir, los accidentes devienen la principal causa de fallecimiento juvenil en el país y se conserva el orden del resto de las causas de defunción, con la salvedad de las lesiones autoinfligidas, que figuran en segundo lugar para los jóvenes comprendidos entre 20 y 29 años de edad y como tercera para los otros rangos etarios.

La ocurrencia de accidentes puede estar vinculada a rasgos característicos de las poblaciones jóvenes tales como la curiosidad, la audacia, la imprudencia y la poca percepción de riesgo respecto al peligro, que unidas a factores como la presión que ejercen los grupos de amigos y de referencia, así como la ingestión de bebidas alcohólicas u otras sustancias, colocan al joven en posiciones desventajosas frente a situaciones extremas.

La incidencia de lesiones autoinflingidas, por otro lado, pudiera asociarse al momento de transición a la adultez, en la que se comienzan a asumir numerosas responsabilidades familiares, monetarias y sociales. Pocas veces se educa en la búsqueda de un abanico amplio de respuestas ante situaciones de crisis; de ahí que no se encuentren salidas acertadas a los problemas y se recurra a conductas arriesgadas.

Lo cierto es que la distancia entre la vida y la muerte para un joven depende, en buena medida de conductas precavidas, de decisiones meditadas con detenimiento, de búsqueda de opiniones y ayuda especializada, y de una educación integral en estilos saludables de vida. Es medular continuar indagando sobre el tema, porque desde el conocimiento de las problemáticas que afectan a los jóvenes, se está en condiciones más ventajosas de superarlas o ayudar en su superación.

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