Alcohol y Tabaco: hacer algo al respecto

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Vicio

Por: Sheila Rodríguez Rodríguez

El consumo de alcohol y tabaco ha formado parte de la vida de Cuba por siglos. Ambos productos constituyeron renglones fundamentales dentro de la economía; y con el paso del tiempo se han convertido en sello auténtico de nuestra cultura y costumbres. Desde hace varias décadas la sociedad cubana ha venido experimentando en su población adolescente y joven un considerable incremento del consumo de alcohol y cigarrillos como binomio indispensable para la diversión. Los consumen en sus tiempos libres, sobre todo los fines de semana. Ir a la playa, a una fiesta nocturna o jugar dominó, son actividades que en estas edades no se conciben sin un trago de ron acompañado de cigarrillos.

Lo peor es que muchas veces la raíz de estas conductas las encontramos en los hogares donde se le enseña al adolescente –fundamentalmente a los varones- a ingerir bebidas alcohólicas y a fumar con el pretexto de que “llegó la hora de hacerse hombre”, para que “no haga papelazos delante de sus amistades”, o porque “todos estamos compartiendo en familia”. Algunos pretextos rozan, incluso, con la excesiva permisibilidad: “es mejor que lo haga aquí que en la calle”, “prefiero dárselo yo antes de que busque el dinero de manera mal habida”, y hasta “se aprende haciendo”.

En otras ocasiones vemos como, a pesar de las campañas y leyes que prohíben la venta de tabaco y alcohol a menores de edad, éstos los adquieren fácilmente, pues se asume erróneamente que son para la madre, el padre u otro familiar. Otras veces, con la única intención de lucrar, el vendedor suministra estos productos a los adolescentes sin detenerse en los efectos que su consumo puede ocasionarles. En el ámbito escolar, por otra parte, no resulta extraño encontrar a profesores fumando en las aulas. Algunas veces se ocultan, pero en otras los alumnos los observan, y algunos hasta los acompañan.

No pretendo que comprendamos el consumo de alcohol y tabaco desde la perspectiva trillada de la elección individual, sino que analicemos que adolescentes y jóvenes llegan a asumir esta conducta a partir de patrones de comportamiento aprehendidos del mundo adulto. Y, si en Cuba el rol de instituciones como la familia, la escuela y la comunidad es la formación de valores en las poblaciones jóvenes para la sostenibilidad de nuestro sistema social, entonces: ¿Por qué el consumo de bebidas alcohólicas y cigarros comienza cada vez a edades más tempranas? ¿La familia cubana está siendo demasiado permisiva? ¿Falta en nuestras escuelas mayor preparación ética sobre la figura del profersor/a y lo que representa para sus alumnos?

Mañana, 31 de mayo, Día Mundial sin Tabaco es un buen día para comenzar a respondernos preguntas como estas… y hacer algo al respecto.

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