Los jóvenes y la tierra: a propósito del día de este importante recurso

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Niña cultivandoPor: Adriana Elías Rodríguez

Recientemente se celebró el Día de la Tierra. En nuestro país muy pocos lo conocen y festejan, pues no es común que nos detengamos en estos temas. Quizás por vivir la mayoría en zonas urbanas, probablemente porque no nos situamos en la prioridad de este recurso y pensamos que eso le toca al que la trabaja, o que es imposible que se agote o se maltrate del todo.

Lo cierto es que nuestra población campesina o que labora en el campo está muy envejecida y que el desinterés por el trabajo del agro es cada vez más creciente. En ello las nuevas generaciones juegan un rol primordial, pero ¿tienen la culpa ellas de esta situación? ¿son los más jóvenes los máximos responsables del problema de la escasa renovación de la fuerza productiva en los campos cubanos?

Por una parte están los medios de comunicación, quienes la mayoría del tiempo promueven valores consumistas, estilos de vida urbanos y referentes cada vez más globalizados. Son insuficientes los programas en los grandes medios –excluyendo los medios locales- que presentan el modo de vida rural, suscitan el amor por la tierra y el agro, e intentan preservar los elementos identitarios que poseen estas zonas. Y las producciones, en muchos casos, presentan a los personajes rurales ridiculizados como los menos educados e inteligentes o los peor vestidos; un patrón poco atractivo que obviamente nadie quisiera seguir.

Paralelamente, la familia, célula fundamental de la sociedad, no desea que sus hijos se dediquen a las labores agrícolas. Por encima de la opción de trabajar largas horas bajo la intemperie y con condiciones desfavorables, ubican la posibilidad de superación escolar.

La escuela, en ese sentido, debería jugar un papel más trascendental. La orientación profesional se hace de forma errónea y con poca sistematicidad; y los programas curriculares en zonas rurales son semejantes a los de zonas urbanas, provocándose cierta distancia entre los valores y actitudes que los primeros deben promover. La escuela rural debe ser creativa, práctica y atemperada a los nuevos cambios del agro: mayor industrialización, más infraestructura, más conciencia ambiental.

Se precisa, además, trabajar en el sector de la cultura. Poco a poco, han ido desapareciendo las tradiciones culturales debido a la falta de gestión cultural pensada para las zonas rurales, los problemas de presupuesto y de organización y calidad de las actividades, así como la falta de participación de todos los actores en el diseño y ejecución de acciones.

Hoy en día, con la actualización del modelo económico, se le da gran prioridad a la producción de alimentos: se crean nuevas leyes que modifican el acceso a tierras, y se flexibilizan mecanismos para evitar la burocracia e incrementar la eficiencia. Ello, lejos de promover la emigración a zonas urbanas por un posible aumento del nivel de vida, provocará mayor sentido de pertenencia y abrirá las posibilidades para la realización de los proyectos de vida en las zonas rurales.

No obstante, debemos trazar estrategias que busquen articular los diferentes ámbitos de socialización, pues solo así lograremos que las personas y especialmente los jóvenes, permanezcan en el sector rural de nuestra sociedad y reconozcan la necesidad de aprender del cuidado de la ganadería y de los cultivos, ayudando a salvaguardar ese importante recurso que es la tierra.

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