El móvil: objeto irrenunciable para adolescentes y jóvenes

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telefonia-movilPor: Keyla Rosa Estévez García

Los jóvenes viven en plena revolución tecnológica. En muy poco tiempo, el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) se ha generalizado hasta tal punto, que la mayoría no concibe la posibilidad de vivir sin ellas. La telefonía móvil es la tecnología que más rápidamente han adoptado los jóvenes. El móvil representa la constante posibilidad de estar conectados, se ha convertido en un apéndice, una extensión de las extremidades del adolescente. Lo llevan siempre encima, incluso en los lugares donde no pueden utilizarlo por ejemplo, en los centros escolares. No lo apagan ni cuando duermen, en el mejor de los casos, lo ponen en modo vibración.

Para los adolescentes, el móvil es un objeto irrenunciable; expresiones como «Cuando me quitan el móvil, yo no soy persona» y otras afirmaciones similares, se recogen constantemente en los grupos. Generalmente sin el móvil se sienten aislados. Sí se les olvida, vuelven a la casa a buscarlo. Es algo que siempre llevan en el bolsillo y no pocos, en las manos, imponiendo sus músicas personales a quienes ocupan los mismos espacios que ellos.

El teléfono más deseado por todos ellos es el de última generación, aquel que añade a su equipamiento básico una estética más moderna y una mejor calidad de imagen y sonido. Sin embargo, los más jóvenes hacen un uso en mayor medida lúdico y, en este sentido, lo utilizan como pantalla de juegos. Un motivo para desear el cambio del aparato es que los juegos que ofrecen las compañías de telefonía evolucionan de forma paralela a los modelos, de manera que cada vez son más sofisticados.

Otros también juegan, pero utilizan el móvil, sobre todo, para estar en contacto permanente con sus amigos y para quedar con ellos. Más que hablar, lo que hacen es enviar mensajes cortos y hacer llamadas perdidas. «Los toques» son un lenguaje propio, una especie de mensaje cifrado, del que participa todo el grupo de amigos, con un significado diferente según el contexto: «Que alguien se está acordando de ti o, también, que ya ha llegado al punto de encuentro y te espera». Las muchachas, aunque también utilizan los mensajes y los toques, hablan más por teléfono que los varones. Otra diferencia es que ellas son más partidarias de personalizar sus teléfonos con cintas de colores, muñecos y todo tipo de abalorios para diferenciarlos. El objetivo es acentuar el aspecto más personal del móvil, convertirlo en un elemento más de su estética.

Pero hay algo común, algo compartido por todos ellos: el uso del móvil como instrumento de refuerzo de su identidad personal y como refugio en su grupo de referencia frente a los mayores. Así, mientras los padres consideran el móvil como un forma de mantener el control sobre los hijos (ellos creen, o necesitan creer, que el móvil es el medio de ejercicio de ese control), los hijos lo utilizan, precisamente, para eludirlo.

Muchas personas intentan proteger a sus hijos o discípulos limitándoles el acceso a los medios, lo que está abocado al fracaso. Hoy debemos prestar mucha más atención a cómo los preparamos para convivir en un mundo donde las tecnologías continuarán expandiéndose entre todos.

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