La familia y las maneras en que nos comunicamos

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familia cubana

Por: Maylín Pérez Enriquez y Adriana Elías Rodríguez

Hoy, 21 de febrero, se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna. Fue proclamado por la UNESCO en el año 2000 para promover la diversidad lingüística. Ello reafirma la importancia que tiene este elemento cultural en las sociedades.

Ya se ha hecho común que el cubano haga alusión a las modificaciones que hacemos en el lenguaje, incluso algunos lanzan análisis profundos sobre el pobre desarrollo del vocabulario y el surgimiento de tendencias idiomáticas en las nuevas generaciones.

A la familia, queremos dedicarle especial atención. Desde el momento en que nacemos empezamos a recibir su influencia, dentro de la cual se incluye el lenguaje, que condicionará nuestra manera de ver y de estar en el mundo. Los padres, al enseñar a hablar a sus hijos, probablemente no sean tan conscientes de que les están enseñando a comunicarse.

Como resultado de las relaciones que se dan a lo interno de la familia, este grupo tiene la posibilidad de influir positiva o negativamente en el uso del idioma de los jóvenes. Aunque la familia no posea un sistema estructurado de enseñanza, la comunicación verbal y extraverbal siempre está presente en la solución de los problemas y en el transcurso de la vida cotidiana.

Existen familias que son más conscientes que otras en su función formadora. Hay padres que desde las primeras edades de sus hijos se preocupan porque estos posean un buen comportamiento lingüístico, usen de forma adecuada las reglas gramaticales y amplíen cada vez más su vocabulario. Mientras que otros no prestan atención a los errores que cometen sus hijos, justifican los términos grotescos que utilizan o, simplemente, no reparan en tener una buena comunicación con ellos.

¿Nos hemos preguntado hasta dónde la familia está potenciando actualmente el hábito de la lectura, el uso del diccionario y el interés por el buen aprendizaje de la lengua materna? ¿Nos hemos percatado que cada vez son menos los espacios en la familia para comunicarse de manera consciente y así favorecer el desarrollo lingüístico? ¿Y es acaso que los problemas de la vida cotidiana absorben de tal manera que no dejan espacios para educar en este sentido, o que se le ha restado importancia a este tema?

“No tengo tiempo” es una frase muy usual en las personas adultas, pues la dinámica de vida y las estrategias que las familias crean para satisfacer sus necesidades, son complejas. Pero no es menos cierto que en la sociedad se han desatendido las buenas maneras de comunicarse, se han perdido determinados términos en el lenguaje, sobre todo del habla más formal, y se han exacerbado otros más burdos.

La sociedad demanda que los agentes de socialización, dígase la escuela, los medios de comunicación y especialmente la familia, trabajen en lo relacionado con el empleo adecuado y el enriquecimiento del lenguaje de niños, adolescentes y jóvenes. Quienes educan hoy, tendrán gran responsabilidad en los códigos lingüísticos que se empleen en un futuro no muy lejano.

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