Libres de trabajo infantil en Cuba

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Lo que queremos es que los niños sean felices
Porque es necesario que los niños no vean, no toquen, no piensen en nada que no sepan explicar.

José Martí

Por: Keyla Estévez García

Las Jefas y los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe, reunidos en la capital cubana, en ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en la declaración de La Habana reiteraron su compromiso con la eliminación de las peores formas del trabajo infantil antes de 2016, así como con la erradicación del trabajo infantil en el más corto plazo posible.

La Convención sobre los Derechos del Niño obliga a los Estados y gobiernos, firmantes de esta norma jurídica, a proteger a los infantes de “la explotación económica y de realizar ningún trabajo que pueda ser peligroso o interferir en su educación, o que sea peligroso para su salud física, mental o espiritual o para su desarrollo social.” No todo el trabajo infantil, evidentemente, es tan repugnante como las formas más peligrosas y explotadoras. Incluso los más fervientes partidarios del no-trabajo infantil reconocen que tareas apropiadas pueden aportar a los niños habilidades y responsabilidades, mantener unidas a las familias y contribuir a los ingresos familiares.

Se define que el trabajo infantil es inapropiado si es con dedicación exclusiva a una edad demasiado temprana, sí se pasan demasiadas horas trabajando, si provoca estrés físico, social o psicológico indebido, si se trabaja y se vive en la calle en malas condiciones, si el salario es inadecuado, si el niño tiene que asumir demasiada responsabilidad, sí impide el acceso a la escolarización, si mina la dignidad y autoestima del niño (como el esclavismo y la explotación sexual) y si impide conseguir un pleno desarrollo social y psicológico.

Los elementos antes mencionados nos hacen asegurar que en Cuba no hay trabajo infantil. El Estado vela y exige por el bienestar de sus más pequeños, a pesar de ello, algunas manifestaciones aisladas comienzan a vislumbrarse asociadas a la apertura del trabajo por cuenta propia. Se observan niños y adolescentes en puestos de viandas o vendutas, otros en garajes y parqueos, algunos asociados a paladares con la limpieza, o la botadura de desechos, en las carreteras también se presentan niños vendiendo algunos productos. No es alarmante la situación, pero sí considero oportuno alertar a tiempo; en ocasiones aprendemos a convivir con expresiones de este tipo y no asumimos los riegos que a lo largo ello puede acarrear. La familia, y el Estado cubano no podemos permitir que continúen proliferando estas tendencias.  Cuba tiene la responsabilidad de continuar mostrando al mundo que lo más importante son sus niños.

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