Juventud, ¿perdida?

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FEU participando

Por: Odette del Risco Sánchez

Cuántas veces hemos oído decir la frase: “la juventud está perdida”, incluso se dice que este enunciado posee miles de años de existencia. Esta expresión resulta una suerte de consigna que, como círculo vicioso, es transmitida de una generación a otra.
Estoy casi segura que mis abuelos y mis padres también fueron objetos de este calificativo. Es una suerte de estigma que nos adjudican por ser jóvenes y que de trasfondo enjuicia nuestra capacidad de saber qué queremos y cómo lo queremos.

Resulta una especie de calificativo asumido y asignado, donde solo por el hecho de ser joven, no se sabe qué hacer ni a dónde ir, lo cual resulta una limitante para lograr una mayor participación social de este grupo etario. Dicha visión resulta contradictoria, en tanto se supone –teóricamente-que es, en esta etapa del desarrollo, donde se consolidan formaciones psicológicas como la concepción del mundo y los proyectos de vida, y por tanto se logra una noción de la realidad y del papel que asume el joven en ella, logrando una mayor autorregulación de su comportamiento. Limitar la participación de los jóvenes nos convertiría en una sociedad adultocéntrica, pensada y vivida desde la mirada de generaciones precedentes, y traería como costo la asunción casi exclusiva por los adultos de la posibilidad de tomar decisiones en varias esferas de la vida.

Desde el imaginario social, se asocia al joven con rebeldía, inexperiencia, hipercriticismo. Desde el discurso oficial, resulta vanguardia dentro de la sociedad, este último aspecto considero debe ser potenciado a partir de lograr mayores niveles de participación social de los jóvenes, ideando y reinventado espacios que, desde su propia iniciativa y creatividad, le posibiliten ser verdaderos actores sociales.

El uso de generalizaciones de este tipo limita la posibilidad de apreciar la diversidad de modos de ser joven, lo cual se encuentra atravesado por cuestiones como, por ejemplo, el género, la edad, la generación, y el territorio donde se vive, y que inciden en la existencia de varios maneras de pensar y ser, de ahí que se deba hablar de juventudes con vistas a resaltar y tener en cuenta la diversidad.

Abogo por la integración de miradas entre jóvenes y adultos. Más allá de estigmas y estereotipos, se hace necesario visualizar las potencialidades de la juventud, logrando mayor integración y participación social, aprovechando los espacios de participación existentes, y repensando, de manera creativa, otros modos que permitan demostrar el impacto de las acciones de los jóvenes en las transformaciones sociales que suceden en la Cuba de hoy.

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Un comentario sobre “Juventud, ¿perdida?

    lapolillacubana26 escribió:
    3 marzo, 2014 en 7:11 PM

    Reblogueó esto en El blog de La Polilla Cubanay comentado:
    Gracias a la AIN -que lo replicó- conocí este hermoso texto:

    Me gusta

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