Niños y jóvenes en la agenda bélica de Obama

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 webInfanteMuerta_Padre_IRAK-a449bPor: Yusmani Cordero León

“…la violencia física, sexual y emocional a la que están expuestos (los niños y jóvenes) destroza su mundo. La guerra socava los fundamentos mismos de la vida de los niños, destruyendo su hogar, dividiendo sus comunidades y mermando su confianza en los adultos.”

 Graça Machel

La inminente agresión del imperialismo norteamericano contra Siria, tal vez tendrá en niños y jóvenes las poblaciones más afectadas. Es posible afirmar esto si consideramos qué ha significado para estas poblaciones conflictos similares acontecidos en Afganistán, Iraq o Libia, por solo citar algunos de los más recientes.

La guerra en Afganistán comenzó el 7 de octubre de 2001 con el apoyo de más del 70% de la población norteamericana y una gran parte de la opinión pública internacional. Según sus hacedores buscaban capturar a los responsables de los actos terroristas del 11-9. En aquel momento lograron engañar a una gran parte del mundo. Lo cierto es, que las promesas de llevar la democracia a este país, cayeron en saco roto. El deseo de vengar a 2745 víctimas del 11-9 ha conllevado al asesinato de miles de civiles en Afganistán, cifra que crece por años y en la que los niños y jóvenes mantienen un marcado ascenso. El dato más reciente es abrumador: en el  primer semestre de este año  han muerto o herido a 524 niños, un 30 % más que el año pasado.

En el caso de la población joven femenina la situación empeora en el momento de la “salida” de las tropas invasoras, el 60% de las niñas afganas no asiste a la escuela por problemas de inseguridad, falta de centros escolares o por tabúes sociales. La existencia de estos problemas por más de 10 años de guerra condena al 85% de la  juventud femenina al analfabetismo.

Los niños y jóvenes que emigran del conflicto en Afganistán han aumentado en un 45 % desde el 2010, siendo presa de los más brutales abusos como: mercado sexual, venta o robo de órganos, crimen organizado, condiciones laborales esclavista o semiesclavita, obligados a ingresar en organizaciones paramilitares convirtiéndose en instrumentos de otras guerras y conflictos.

En el caso de Iraq, este fue invadido el 20 de marzo de 2003 con el pretexto de despojar al gobierno iraquí de las supuestas armas de destrucción masiva, descubiertas por los servicios secretos estadounidenses, pero que nunca se encontraron y nadie demostró su existencia. El apoyo a la guerra fue de más del 50% de la población estadounidense, volvieron a mentir, a una parte del mundo.

El saldo de la guerra en este país es incontable en vidas humanas, nadie se atreve a dar una cifra definitiva, pero todos hablan de más de 200 mil civiles muertos bajo el fuego “inteligente” declarados con otro ingenioso eufemismo: “daños colaterales” de las bombas de EEUU y sus aliados.  Sin lugar a dudas una parte significativa de los fallecidos por la guerra son niños y jóvenes, pero hay otras consecuencias casi comparables con la muerte: una parte de esta población queda huérfana después del conflicto a merced de los abusos laborales, sexuales u otros.

Según las Naciones Unidas medio millón de niños iraquíes murieron durante los más de 12 años de sanciones económicas previas a la invasión, principalmente a causa de desnutrición, la cual aumentó 9% desde entonces. Se estima que uno de cada ocho niños muere antes de cumplir cinco años. Sólo en 2005 fallecieron 122.000 en una población de 25 millones de habitantes. Al menos dos millones de niños iraquíes sufren carencias alimenticias, según una evaluación realizada por el Programa Mundial de Alimentos, y corren otros riesgos como educación interrumpida, falta de servicios de vacunación y enfermedades. Un17% de los niños y niñas iraquíes nunca van a la escuela, y unos 220 mil no asisten porque sus familias debieron desplazarse a otra zona del país o forman parte de los 2,5 millones de emigrados.

Otro problema que también ocurre en Libia-invadida en el 2011- son los residuos explosivos que quedan esparcidos en una zona tras la terminación del conflicto y que pueden ser desde granadas de mano, morteros y bombas de racimo, cohetes o misiles. Estos constituyen una amenaza constante para los niños que inconscientes del peligro, están en contacto permanente con los artefactos, juegan con ellos y corren el riesgo de resultar mutilados o de morir.

Estos datos son suficientes para ilustrar las secuelas dejadas en la población más joven por guerras que se sostienen sin fundamentos éticos y con un marcado carácter económico e imperialista. Pero también deben servir para mantener viva la memoria de la opinión pública mundial y combatir las mentiras de los gobiernos de EEUU y sus aliados, que se erigen como la conciencia del mundo, desconociendo el papel de las organizaciones internacionales encargadas de solucionar conflictos por vías pacíficas.

La guerra contra Siria es apoyada por el 40% de la población norteamericana. Esta beligerancia tendría un efecto dominó dentro de la región donde los próximos implicados serían Irán e Israel. Estos conflictos conllevarán a la sobresaturación de los problemas sociales del medio oriente, los que pudieran expandirse a otras áreas geográficas y provocar inestabilidad de los gobiernos y aumento de problemas sociodemográficos irreparables.

Debemos salvar a los niños y jóvenes de la guerra y el odio, del hambre, el llanto y el abandono, es nuestro deber ante la humanidad. Alcemos nuestras voces de denuncia para que no puedan engañar, por esta vez, al mundo entero.

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