La familia joven de hoy

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Adriana Elías Rodríguez

                       familia-joven           La familia es una unidad, un sistema, un grupo, una institución, un agente…siempre difícil de abordar. Constituye el nivel en que se reproducen todos los condicionantes sociales y a la vez el que busca nuevas estrategias para subsistir y echar para adelante  todo proyecto social mejor.

Los jóvenes se encuentran en esa etapa de la vida donde se hace un intento por crear un grupo familiar propio, en el mismo tiempo, que por lo general, se necesita reconocer, apoyar y agradecer todo lo que su familia de origen ha hecho por su desarrollo. En Cuba este segundo aspecto se da con un matiz exclusivo. La familia para el cubano constituye un valor, una colectividad especial a la cual no se traiciona, ni se abandona y mucho menos se le desea el mal. Es considerada además en su forma ampliada; no solo son nuestros padres, abuelos y tíos, sino cuñados, yernos, amistades y hasta vecinos.

En relación a la creación de la propia familia no es menos cierto que el joven encuentra limitadas posibilidades relacionadas con la situación habitacional y la escasez en los recursos económicos. La existencia de mayores libertades en la educación familiar -que antes se debían buscar forzosamente- y la postergación en la maternidad-paternidad matizada por prioridades en materia de profesión y superación personal y elementos culturales y financieros, son algunas de las señales de por qué los jóvenes están retrasando la edad en que se independizan económica y habitacionalmente de su familia de origen.

Es pertinente apuntar que esto no es privativo de nuestro país. En el contexto internacional se suman otros factores como son la inseguridad y los climas de violencia, la creciente extensión de la escolaridad para cumplir con las competencias laborales que se exigen, y la inestabilidad en los trabajos. Ejemplo de ello es que según datos de la CEPAL solo un cuarto de jóvenes de Chile y Bolivia son jefes de hogar o cónyuges; de acuerdo a estadísticas del Instituto mexicano, 8 de cada 10 jóvenes de ese país siguen sobre la égida de la familia de origen y según la Encuesta Nacional de Jóvenes de Colombia es solo un 15% el que vive solo o con su cónyuge.

Analizando las familias que se están creando, si bien es cierto que no se ha modificado el significado y la importancia que se le concede, sí podríamos afirmar que están cambiando sus formas de constitución.

Antes una pareja (hombre y mujer) se unía legalmente para toda la vida. En los momentos actuales ya la pareja no tiene que ser heterosexual, sino que en la sociedad se han logrado importantes avances donde la diversidad en la orientación sexual no es catalogada como algo negativo. Por otro lado ya el amor no es para toda la vida, esa concepción idílica se ha sustituido por igualar la estabilidad de la pareja con la funcionalidad de la relación, la intensidad del vínculo amoroso y el alcance de los intereses, metas y esfuerzos compartidos.

De forma paralela, se han naturalizado cada vez más las uniones informales. Las estadísticas a nivel nacional del Centro de Estudios Sobre la Juventud dan cuenta de ello. Si comparamos el 2004 con el 2011 es posible percatarse rápidamente como han ido disminuyendo los matrimonios legales y se han incrementado las uniones consensuales. Tampoco esta es una cuestión privativa de nuestro archipiélago. Si exploramos el comportamiento en América Latina nos damos cuenta que ocurre esta misma tendencia. Para toda la región podríamos realizar múltiples interpretaciones económicas, históricas y culturales.

Estarán de acuerdo conmigo en que cuando hablamos de estos temas no podemos olvidar que los jóvenes de hoy han estado insertos en dinámicas familiares complejas producto de la crisis que la población cubana ha vivido después de los años 90. Las estrategias de subsistencia han hecho que la función económica de este grupo se haya sobredimensionado en detrimento de la función educativa y formativa; el tiempo que se le dedica a la educación de los hijos en muchas familias se haya ido limitado paulatinamente.

Otro punto de análisis es que los jóvenes cubanos se distinguen por su soltería y en los planes inmediatos no se encuentra el tener descendencia. Ya esa es otra carta de la baraja que da trigo para un siguiente post. Indudablemente el Estado y todos los agentes de socialización deben emprender una marcha forzada dado el envejecimiento de nuestra población y las tasas bajas de fecundidad que mantenemos desde hace mucho tiempo.

 

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