Apuesta por los jóvenes rurales

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jóvenes ruralesPor: Adriana Elías Rodríguez

Recientemente, el espacio más esperado por la población cubana en nuestra televisión, lunes, miércoles y viernes alrededor de las 9: 00pm, ha sido asaltado esta vez por el ámbito rural. Es la telenovela añorada por algunos, acostumbrados siempre a una mirada citadina de los conflictos, sentimientos, alegrías y tristezas propias de este género. Ya era hora de que la población rural, y más específicamente los jóvenes –de los que les comentaré en estas líneas-se vieran también reflejados. Más allá de un posible análisis en torno a la representación que hace este producto comunicativo de la vida en una determinada zona rural cubana, resulta acertado el hecho de que ubique en la agenda pública un tema tan poco abordado en los medios de comunicación.

Para nadie es un secreto que históricamente se ha generado una dicotomía entre campo-ciudad, lo viejo y lo nuevo, lo tradicional-moderno. Lo cierto es, que la población rural reviste gran importancia por considerarse el sector más cercano a la base productiva primaria de un país y que el contexto rural, en su totalidad, constituye un entramado social, económico y político especial.

Según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) hasta el 31 de diciembre del 2011, alrededor del 73% de los jóvenes entre 15 y 35 años viven en zonas urbanas, mientras que el 27% restante se encuentra en zonas rurales.

Dentro del campo cubano, son los jóvenes quienes cuentan con una capacidad mayor de aprendizaje, de adaptación y de asimilación de nuevas tecnologías, todas estas características propias de la edad. La puesta en vigor del Decreto-Ley No.259 en el 2008 y posteriormente del No.300 en el 2012, referidos a la entrega de tierras ociosas en usufructo, ya ha dado utilidades para este sector, incentivando la incorporación de nuevos trabajadores y la permanencia de fuerza laboral en este ámbito.

Hay que entender que el joven rural cubano de hoy es muy distinto al de épocas anteriores y tiene ante sí grandes retos sociales y económicos. Sin dudas, la labor en el medio rural para el desarrollo juvenil requiere asumir la heterogeneidad de intereses, conformes a la edad, sexo, color de la piel, región, etc. Abogar por el desarrollo local y el protagonismo juvenil no es algo que puede quedar para después.

Ya estamos listos para que la telenovela en nuestras pantallas nos provoque reflexiones y cuestionamientos acerca de nuestra ruralidad. Mirémosla entonces, con ojo crítico y descubramos en ella este otro contexto que no exploramos con frecuencia.

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